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Bernardo de Gálvez, Macharaviaya, y Pensacola

Galvez y MéxicoSorprendió días atrás la descarga en el puerto de Málaga la veintena de toneladas de roble vivo de Virginia (EEUU) donadas por el pueblo americano para dar forma a una réplica exacta del bergantín “Galveztown”, que tan destacado papel jugó, bajo el mando de su aguerrido capitán Bernardo Gálvez en la guerra de independencia de los Estados Unidos. Una vez finalizada la construcción naval, el velero se hará a la mar y surcando las mismas aguas atlánticas realizará el periplo qua le llevará a arribar a las aguas de la península de Pensacola, decisiva para la expulsión de los ingleses y la consecución de los objetivos militares de los americanos sublevados, comandados por Jorge Washington, el primer presidente estadounidense.

El axárquico pueblecito de Macharaviaya, a un tiro de piedra de Rincón de la Victoria y Benajarafe lo forman calles escalonadas que no pueden renunciar a su origen árabe por trazado y hechuras. Tiene razón de ser desde el siglo XVI y hubiera transcurrido su historia casi desapercibida si no hubiese sido porque en el siglo XVIII gozara de una colosal eclosión económica en la que la menor participación fueron sus viñedos – riqueza que se perdió hacia 1870 con la epidemia de filoxera – y el mayor apogeo merced a los afanes de la aristocrática familia Gávez, cuya finca era frecuentemente visitada por las más prominentes figuras de la Málaga dieciochesca. Fue en esta época cuando el pueblo mereció la denominación de “Madrid chico”, sobrenombre a todas luces ilustrativo, aunque hiperbólico.

En los anales históricos de Macharaviaya se escribe con letras de oro un apellido: Gálvez. La saga fecunda de políticos de buen hacer, gobernadores preclaros y aguerridos navegantes que inició José de Gálvez (1721-1701), de quien se dijo y con razón tal fue su influencia en el Nuevo Mundo, que tuvo en sus manos el destino de América, se venera en el, acogedor pueblo de la feraz Anarquía malagueña. Lápidas conmemorativas en las calles, enterramientos señoriales (cripta en el subsuelo del templo (bajo la advocación de San Jacinto), que guarda los restos de la familia, y la todavía sobre algunos de sus muros la fábrica de naipes que surtió para este juego de azar a toda la América de su tiempo (finales del siglo XVIII) hablan por si solas de la raigambre de este linaje en el pueblo.

La prosapia del apellido Gálvez en el siglo dieciochesco, sin hacer distinción de cada uno de los miembros de la familia, lo atestigua sus relaciones con personajes de tanto relieve como Carlos III, (quien hizo a José ministro de Indias), Esquilache, Grimaldi o Fray Junípero de Serra. Hablan por sí solo, además, los cargos que unos u otros ocuparon y en cuya ejecución siguieron de cerca los postulados de las reformas borbónicas y que abarcaron los campos de la administración, la economía, la milicia y la hacienda.
Pero quizás sea la figura de Bernardo la que ejerza mayor poder de fascinación en cuanto que encarnó el espíritu de intrepidez, osadía y denuedo que caracterizaron a los conquistadores españoles que le precedieron en el nuevo mundo descubierto por Colón y sus seguidores. Hijo de Matías de Gálvez, virrey de Méjico, a punto de mediar el siglo XVIII, su vida, que no llegó a coronar este siglo (murió en 1786), fue corta pero impresionantemente heroica (murió a los 40 años, siendo ya virrey de México.
Abandonó su pueblo natal, Macharaviaya, con edad temprana Militar a los dieciséis años (Academia de Ávila), sed alista como voluntario a la guerra contra Portugal en 1762. Tres años después viaja por primera vez a América, se distingue por sus enfrentamientos con los indios apaches, y vuelva a España diez años después. Su valor y sus dotes de político son ya ampliamente reconocidos. Viaja a Francia, lucha en Argel , en donde acrisola su temple de soldado al continuar la emisión encomendada ,pese a un serio percance de guerra que puso en peligro su vida.

Volvió a América, en concreto a Luisiana, de donde fue nombrado Gobernador y toma parte desde el primer momento a favor de los independentistas norteamericanos en guerra para sacudir el yugo de la opresión de los ingleses. El mito Gálvez empieza ya a ser realidad entre sus soldados. Golpea a los ingleses, ya en guerra contra España, arrebatándoles los bastiones más importantes a las orillas del Mississipi. Paso siguiente fue la toma de Mobile. Que sirvió de trampolín para la conquista de Pensacola, acción que cubrió definidamente de gloria al navegante de Macharaviaja, al tomar la ciudad con escasos medios y dotación personal a bordo del cañonero bergantín Galveztown. “¡Se puede!”, fue su grito de guerra, cuando contra todo parecer por lo improbable de la victoria, trataron de disuadirle de iniciar el asalto a la bahía. Y se pudo, efectivamente.
Finalizada la guerra, que fue particularmente sangrienta, el ya Conde de Galvez (título nobiliario que le concedió Carlos III), fue declarado Héroe Nacional por el Congreso de los Estados Unidos.

Prodigiosa hazaña la de este hijo de Maraviaya en el Nuevo Continente. El pueblecito malagueño sigue reverenciando la figura del insigne militar y hombre de Estado que lo catapultó a la gloria.

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2 Responses Subscribe to comments


  1. jsalinas

    On the picture above..That is me 2nd from left.As you may know the picture was taken in Mexico City when the plaque was dedicated to Bernardo de Galvez. to my right is Roland Salazar of our Houston Chapter.

    Nov 22, 2009 @ 7:46 pm


  2. Roland Salazar

    Thanks Jim! I am trying to connect to you here! Viva Galvez!

    Nov 29, 2009 @ 5:12 am

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